En República Dominicana se asoman las brisas huracanadas de la desafección política, algo que ya se instaló en el poder en otros países; aquí empieza a sentirse y es que ya se está viendo como una normalidad que aspirantes a todo tipo de candidaturas, inclusive hasta la presidencial, se presentan a la ciudadanía con la manida frase “Yo no soy político”.
Pareciera que declararse como no político es una carta de presentación, un certificado de honestidad, una garantía de idoneidad o más aún una medalla, aunque lo justo es reconocer que “la gente esto lo aplaude porque está muy cansada, hastiada de que los políticos no le resuelvan sus principales problemas”.
Es por ello que llegan los noveles aspirantes a ser los nuevos mesías, los “outsiders” que prometen cambiarlo todo y que vienen a hacer “lo que los políticos no han realizado”, y la verdad es que estas palabras les resultan agradables a los oídos de las masas, porque esto les suena a renovación, a cambio radical.
Los outsiders en nuestra media isla se encuentran sobre todo en el sector empresarial, del que hizo mucho dinero y ve en la política otro nuevo proyecto, que le dará lo que le falta, “el satisfacer su ego asaltando el poder”, y es por eso que viene con su discurso de “eficiencia a gerenciar el Estado como una empresa privada”, pero como este llegaría con sus propios recursos económicos, entiende que no le deberá lealtad a nadie, ni siquiera a los electores a los que dice representar.
En el liderazgo digital están los más conectados con la población, pues son los que más ven y escuchan los ciudadanos desde sus celulares o dispositivos móviles; empatizan con la gente porque les hablan de manera llana y porque defienden sus causas más sentidas, pero son precisamente ellos los que más critican a los políticos y, aunque tienen muchos seguidores que se pueden contar hasta millones, no precisamente convertirían todo este apoyo en votos para sus proyectos disruptivos y son los que hoy movilizan las calles porque ante cualquier convocatoria de ellos, el pueblo acude; son los que tienen menos experiencia para gobernar. Ahora, no menos cierto es que en algún momento estos han sido de los más beneficiados por los gobiernos de turno.
En la sociedad civil también existe gente con prestigio, con causas, pero sin estructura real de apoyo. Varios de estos ciudadanos son muy respetados y con una dilatada trayectoria en defensa de la población, pero también los hay que simplemente buscan sustituir a los políticos, haciendo de la antipolítica, precisamente, su política para tratar de llegar al Palacio Nacional.
¿Qué une a todos los antes mencionados aspirantes?
Su rechazo a los partidos políticos y especialmente a los políticos de oficio; por eso permanentemente desacreditan a las organizaciones políticas, porque unos quieren llegar con su dinero, algunos con su viralidad y otros con su marca o prestigio personal.
¿Ahora el porqué estos foráneos quieren saltarse a los partidos políticos? Estas son las razones:
1- Evitar que lo sindiquen como “político” porque eso le suma apoyos por el alto nivel de desafección política existente en la ciudadanía.
2- La velocidad o la inmediatez es una de las manifestaciones del ser humano en la sociedad líquida de hoy, y estos no quieren hacer carrera, no desean esperar ni tomar experiencia, solo creen en lo inmediato, en aprovechar el momento en alza de su figura.
