InicioOpinión¿Ola de violencia y delincuencia? ¿Cuál es el umbral que las mide?

¿Ola de violencia y delincuencia? ¿Cuál es el umbral que las mide?

William James con mucha propiedad decía: “La acción parece seguir al sentimiento, pero en realidad acción y sentimiento van de la mano, y regulando la acción, que está bajo el control más directo de la voluntad, podemos indirectamente regular el sentimiento”.

(Estado versus delincuencia y crimen organizado)

“La inteligencia consiste no solo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica”. (Aristóteles).

En la sociedad de los simulacros, del espectáculo, del hombre y la mujer light, una de sus características es que no importa la validez de los relatos, su cualificación, como lo son el fake news y el junk news, cuya esencia es la información basura, la distorsión o la creación de una percepción a través, incluso, de los trolls y los bots.

A menudo, los académicos o intelectuales tenemos que ir contra todo relato que no se ajusta a la realidad real. La actitud y aptitud científica exige la verdad, que atraviesa medularmente más allá de la lógica aparencial del circuito creado por la falencia lógica de la equivalencia. El meollo es ir y profundizar en la auscultación del hecho o del fenómeno que deseamos investigar, cuyo hilo conductor esencial es develar el mito y la ficción en el drama social en que nos encontramos.

El rigor científico desnuda los sentimientos y las emociones. Desdibuja las percepciones en todo lo que tiene de verdad y de fantasía creada, reconociendo que el grado de subjetividad que ella contiene, impulsa a menudo a través de los filtros psicológicos y los paradigmas, a tomar decisiones y a generalizar más allá de la objetividad y de la pertinencia que nos arrojan las evidencias empíricas.

Es así como se convierte una equivalencia falsa en algo cierto y más trascendente y dañino todavía, cuando actores estratégicos de la democracia de papel, de la democracia defectuosa, bombardean en los medios con titulares “Ola de violencia, de delincuencia ahogan la sociedad dominicana”. Los titulares golpean haciendo un ruido pavoroso, sin aquilatar la dimensión de los hechos y la generalización y socialización de un acontecimiento que, por la gravedad y los actores, se hace viral.

En la sociedad de la red, de la información, el epicentro que la caracteriza, como dice Byung-Chul Han en su libro Infocracia “La paradoja de la sociedad de la información es que las personas están atrapadas en la información. Ellas mismas se colocan los grilletes al comunicar y producir información. La prisión digital es transparente”. Por otro lado, en otro de sus interesantes libros, Psicopolítica, Byung-Chul Han nos dice “El me gusta es el amén digital. Cuanto mayor es el poder más silenciosamente actúa”.

Las redes, que actúan como agente de socialización al tiempo que asumen el rol de la vigilancia, en tanto tecnología de la información, por la velocidad con que operan y la horizontalidad como se instrumentaliza, permiten que un mismo acontecimiento se sinergise e irradie como miles de REALIZACIONES. Veamos en su justa dimensión toda la problemática de las olas de violencia y delincuencia, versus Estado de violencia en la sociedad dominicana.

Lo primero es categorizar objetivamente de lo que estamos hablando y cómo se mide la violencia y los indicadores que ella encierra:

Homicidios
Violencia
Delincuencia
Crimen organizado.
Los jóvenes y la delincuencia.
Las víctimas y los autores de los delitos.
Delitos de cuello blanco, empresariales y del Estado.
Patrones de la delincuencia en la sociedad dominicana.
Homicidio es el número de personas muertas de manera punible, vale decir, por otra persona o varias personas. Así, no es homicidio cuando una persona muere en un accidente de tránsito o de una dolencia o enfermedad. Tampoco lo es un suicidio. El homicidio significa la máxima expresión de la violencia, el punto de inflexión de la violencia, pues significa matar. Varían los niveles y grados:

La conflictividad social que se expresa en riñas. El 60% de los homicidios son ocasionados por este segmento. Significa la ausencia de valores y la incapacidad para gestionar los conflictos, el manejo de la diversidad y el espíritu del desarrollo de la tolerancia. Como decía Aristóteles “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso ciertamente, no resulta sencillo”.
Intercambio de disparos”, “Muertes extrajudiciales”. “Acciones legales”. Tres semánticas que se cobijan en un mismo eufemismo. Esconden una política de Estado de matar a los delincuentes o supuestos delincuentes, sin pasar por ningún proceso judicial, en un país donde no existe ni legal ni constitucionalmente la pena de muerte. Actualmente, mientras escribimos este artículo, 28 de septiembre, los homicidios alcanzan 817. De ellos, 196 han sido ocasionados por la Policía Nacional, esto equivale a un 23% de todos los homicidios. Los homicidios originados por la institución del orden representan el segundo renglón más alto en la sociedad. Somos líderes en la región en homicidios perpetrados por los aparatos coercitivos del Estado. Esto es, hay más homicidios derivados de la dimensión letal de la organización creada en el 1936, que por la delincuencia y el crimen organizado. De los 196 asesinados, cuasi el 100% corresponden a la categoría etaria de jóvenes. El promedio mayor está entre 23 y 24 años.

El concepto de violencia es laxo, es amplio, empero, no significa necesariamente, muerte ni agresión física. Hay violencia verbal, emocional, psicológica, económica, patrimonial, vicaya, ideológica. Muchas de ellas corresponden a un comportamiento desviado que no implica, no atraviesa, el delito punitivo o penal.

Los feminicidios. Estamos en el ranking negativo, entre los cinco países de la región en los que más mujeres son asesinadas por sus parejas o exparejas. En los últimos 20 años, más de 1,802 mujeres han sido asesinadas: Honduras con 4.3; Guatemala con 1.9; República Dominicana con 1.5; Bolivia con 1.4; y, Cuba con 1.4. En lo que va de año 51 mujeres han muerto, superando ya todo el año del 2025, que fueron 49. La cifra es pesarosa y dolorosa por lo que es y representa humanamente y sus consecuencias. Los feminicidios en República Dominicana han alcanzado hasta un 10% de todos los homicidios. Al día de hoy están representando un 6.24%.

La delincuencia y el crimen organizado representan, en la tasa de homicidios total, entre un 6 a un 10%. Hay lo que se denomina la cifra oculta de la delincuencia, que es y constituye el iceberg de los delitos. Las cifras ocultas de la delincuencia tienen diferentes causas, que como sociedad debemos de socializar e investigar. Es probable que constituyamos el país donde la tasa de homicidios llevados a cabo por la Policía duplique la letalidad, cuatro veces más. Lo que estamos diciendo es que la violencia que ocasionan los homicidios aquí, es mayormente una política de Estado.

Donald Black, sociólogo citado por Paz Velasco de la Fuente en su libro Homo Criminalis, afirma que “casi toda la violencia tiene que ver con cuestiones que el homicida percibe como situaciones injustas: honor, infidelidad, reyertas o legítima defensa. La base de esta violencia es un conflicto interpersonal o violencia moralizante, como él la denomina. Sin embargo, solo un 10% tiene realmente una finalidad práctica, como el robo o las agresiones sexuales (violencia predatoria)”.

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